jueves, 21 de mayo de 2015

Amando al amor

El amor no es un sentimiento, el amor es una persona. Y se llama Dios.

“ El que no ama, no ha conocido a Dios; 
porque Dios es amor”
1 Juan 4:8

Así como cada persona que existe sobre el planeta tierra anhela amar y ser amado por alguien, así mismo Dios, el amor personificado, el autor y responsable de nuestras ganas de amar desea ser amado por todos nosotros.

La pregunta que surge aquí es: ¿Estamos amando a Dios como Él se lo merece? ¿Estamos amándole como Él anhela ser amado? ¿Estamos amándole de la manera que Él quiere?

Para poder contestar esta pregunta habría que definir cuál es la medida con la que Dios nos ama, y la respuesta es sencilla pero profunda, ¿Estás listo(a)...?
Dar la vida.

¡Wow! ¡De verdad que la medida es alta! La biblia dice que tanto fue su amor por nosotros que no le importó morir para que nosotros pudiéramos vivir. En Juan 15:13 explica que no hay amor más grande que dar tu vida por tus amigos... Y eso, eso es precisamente lo que Jesús hizo por ti.

“Nadie tiene mayor amor que este, 
que uno ponga su vida por sus amigos”
Juan 15:13

Tristemente con frecuencia caemos en el error de menospreciar o tener en poco el sacrificio de Jesús en la cruz, y de verdad que fue algo grande. Con consecuencias eternas para beneficio tuyo y de todas tus generaciones.

Hoy quiero dejarte este pensamiento en tu corazón. La verdad es que si no estás dando tu vida, no estas amando a Dios en la misma medida que Él te ama. Si Él lo hace por ti, eso espera de ti también. Él espera cosechar ese amor que siembra en ti cada día.

Por su puesto no me estoy refiriendo a morir físicamente como Jesús lo hizo por nosotros, pero si podemos morir a ciertas cosas a fin de dar vida a otras. Podemos morir a un par de horas en Facebook, podemos morir a unos cuantos capítulos de tu serie favorita, podemos morir a ver algún partido de futbol, o incluso a algún plan que tenías con tus amigos solo por pasar el rato y cambiarlo por ir juntos a orar por alguien, por ir a visitar a algún enfermo, por dar algo de tu tiempo para servir en tu iglesia o para ir a buscar a aquel amigo(a) que tiene meses que no va a la iglesia y no te has tomado el tiempo de llamar.

Acciones sencillas como estas dar alegría a Dios y le hacen saber que le amamos. Después de todo, el servicio que hagamos para alguien de sus amados es como hacerlo para el mismo.

“Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, 
¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 
¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 
¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: 
De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos 
mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”
Mateo 25:37-40

Tú puedes amar a Dios amando al extraño, tu puedes abrazarlo al abrazar a un huérfano, puedes ayudarlo al ayudar a una viuda, puedes cuidar de Él al cuidar de un niño descuidado por sus padres. Tu puedes vivir tu vida amando a Dios al amar lo que Él ama.

Ámale hoy con tus acciones, ámale con tus decisiones, ámale con tu voluntad, con tus palabras. Ámale con tus manos y tus pies, ¡ámale al punto de dar tu vida!

Entonces te darás cuenta, justo cuando pierdas tu vida por su causa... Que es allí cuando realmente la encuentras.

“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; 
y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará”
Mateo 16:25

Benjamín Alcorta

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