jueves, 6 de agosto de 2015

Que Ellos Sean Uno

Un arma que el enemigo ha usado mucho en contra del pueblo de Dios es la división. La Biblia dice: 

"Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; 
y una casa dividida contra sí misma, cae" 
Lucas 11:17

El enemigo sabe bien que si logra hacer división entre los miembros del cuerpo, puede detener el cuerpo completo. Él ha hecho una labor muy minuciosa para lograr introducirse entre los rincones mas estrechos del corazón de los cristianos para lograr plantar semillas de rencor, de desobediencia, de deslealtad, de protagonismo, de orgullo y tantas cosas más que lo único que logran es dar a luz descontento, desánimo, división entre los hermanos.

En la Biblia tenemos 2 casos que ilustran muy bien lo que te estoy exponiendo, uno que termina mal y otro que termina bien. Veamos primero el caso de Caín y Abel. Si conoces la historia sabes que ambos llevaron su ofrenda a Dios. Abel llevó lo mejor que tenía, Caín solo tomó algo de sus frutos y los presentó a Dios. El resultado fue que Dios miró con agrado la ofrenda de Abel pero no así la de Caín, y Caín se enfureció contra Abel.

Lo mismo sucede en la actualidad. ¿Cuantas veces te has molestado porque Dios responde la oración de alguien más y no la tuya? ¿Cuando a la persona que está a tu lado le dan una palabra profética y a ti no? ¿Cuando a alguien le dan un lugar en el servicio y a ti todavía no? Y en vez de alegrarte por tu hermano te centras en ti mismo, empiezas a buscar pretextos y pensamientos para alimentar tu sentimiento y ya estas enojado, frustrado, resentido, etc.

Todo eso produce división entre el cuerpo. Y lo que no te das cuenta es que lo que está sucediendo solamente es resultado de tus acciones. ¡Caín se molestó contra Abel al punto de matarlo! ignorando el hecho de que él mismo había propiciado que su ofrenda no fuera grata.

Es tiempo de decidir que nadie ni nada podrá poner división entre nosotros como cuerpo.

El segundo caso es el de David y Jonatán. Después que el rey Saúl anunció que había decidido matar a David, Jonatán lo buscó para prevenirlo, para que se resguardara porque su vida corría peligro.

A Jonatán le convenía más estar del lado del rey pero él tenía un pacto con David, un pacto de sangre. Y eso hacía una gran diferencia. Él había resuelto en su corazón que nada ni nadie iba a invalidar ese pacto. No permitiría que nadie dividiera esa relación de pacto con su hermano David.

Sabes, Jesús ya hizo un pacto, un pacto de sangre. Es un pacto eterno para redimir a todo su pueblo, a todo su cuerpo. Para librarnos de todas las ataduras que nos puedan limitar. Ahora nos corresponde a nosotros el responder a ese pacto para permanecer en unidad y que Cristo pueda movilizar a su cuerpo de acuerdo a sus propósitos. Sin que exista división, murmuración, chisme, contienda, ni nada de eso.

En una ocasión escuché a un predicador decir que ésa es la única oración que Dios no puede responder porque nos toca a nosotros hacerlo. Es la oración de Jesús: 

"Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, 

que también ellos sean uno en nosotros; 
para que el mundo crea que tú me enviaste"
Juan 17:21


La respuesta a esa oración no depende de Dios, ¡depende de ti y de mí! Ese es su deseo y su petición, que seamos uno, ¿acaso no crees que vale la pena hacer lo que sea necesario para responder a la petición de Jesús?

Si es tu corazón estás decidid@ a no permitir más que le división haga estragos en tu vida, en tu familia, en tu trabajo, tu iglesia, en tu ministerio, etc. Entonces te animo a que ores conmigo:

Padre celestial, reconozco que he permitido que le división entre en mi vida y ha causado gran daño. Hoy te pido que tu intervengas con tu paz y que tu presencia se lleve toda división y sentimiento incorrecto de mi corazón. Hoy decido perdonar a todas las personas que me han ofendido y dejo en ti mis cargas. Renuncio a todo pensamiento de división y te pido que me llenes de ti, por el poder del pacto me declaro libre. En el Nombre de Jesús, Amén!

Benjamín Alcorta

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