jueves, 26 de febrero de 2015

Un buen consejo

Cuando te sientas frustrado, angustiado, decaído, deprimido o desesperado, recuerda pensar en estas tres cosas:

1) Tal vez tu presente sea incierto, pero recuerda que tu futuro es glorioso, piensa en todas las promesas que Él te ha hecho, recuerda las palabras proféticas que han llegado a tu vida y no olvides que Él no es hombre para mentir, lo que Él dice, Él lo hará.

2) Pregúntate una cosa: ¿Estoy cumpliendo mi propósito?
Si la respuesta es "Si", no te preocupes, tu situación es temporal.
Si la respuesta es "No", analiza bien las acciones que te llevaron a ese estado en el que te encuentras, probablemente sea producto de tus decisiones.

3) Piensa si otros se han podido levantar desde el lugar donde te encuentras, inclusive de una situación mas complicada que la tuya, si ellos pudieron, tu también puedes.

- Benjamín Alcorta -

jueves, 19 de febrero de 2015

Sal de la Barca

¡El relato que vemos en Mateo 14:22 me parece extremadamente fascinante! Es una historia completamente descriptiva de lo que vivimos tu y yo el día de hoy.. olas y viento en contra, una barca que se tambalea, sentimientos de miedo y desesperanza, un grupo de gente que dice creer en Dios pero en determinado punto parecen haber perdido la fe, una respuesta inusual de Dios apareciendo de la manera menos esperada.. ¿te suena familiar? 



Tal vez estas o has estado en una situación similar y sabes exactamente cómo se sienten esas olas. Quizás te llegaron en forma de deuda "imposible de pagar", tal vez una enfermedad "incurable", probablemente fue una amenaza de divorcio, o un aborto repentino.. Yo no se que es lo que estés viviendo o de qué manera esa tormenta llegó a tu vida; solamente se que aunque todos en tu barca parezcan perder la calma tu puedes tener paz. Aunque todo a tu alrededor parezca gritarte que no vas a salir de ésta, puedes confiar en que el hacedor de milagros está allí, está en camino hacia tu barca, a tu situación y en el momento menos esperado aparecerá y te dirá: "camina sobre esta tormenta, pon tus pies sobre las mismas olas que quisieron ahogarte".

Verás las tormentas de la vida son duras, son sorpresivas, desgastantes.. Pero son necesarias.

Estoy seguro que la fe de Pedro nunca volvió a ser la misma. ¡Imagínate! ¡Había caminado sobre el mar! ¡Había hecho lo que ningún humano creado había hecho antes! No fue poca cosa, caminó en lo sobrenatural y su fe le sostuvo allí. Claro, conocemos la historia y después de dar algunos pasos escuchó otras voces y empezó a hundirse pero eso no te tiene que pasar a ti. Sólo aférrate a la voz del Maestro.

¿Qué te ha dicho?
Agárrate fuerte de esa palabra y camina. No importa lo que griten las circunstancias a tu alrededor, la voz del Maestro será suficiente para ahuyentar toda voz extraña.Sal de tu barca y empieza a caminar, si llegaras a flaquear sus brazos estarán allí para sostenerte.

Benjamín Alcorta 

jueves, 12 de febrero de 2015

Dame de beber

Hay un pasaje en el libro de Juan muy conocido a cerca de la adoración, seguramente lo has leído y escuchado mensajes acerca de él. Me refiero al relato de Jesús y la mujer samaritana que se encuentra en el capítulo 4 e inicia cuando Jesús le pide de beber a ésta samaritana.


La mujer va como de costumbre a sacar agua para proveerse a una hora no muy común, a una hora que no muchos iban. Ella prefería hacerlo así para evitarse las miradas, murmuraciones, chismes y caras a cerca de ella. ¿Porque? Porque todos en la ciudad sabían que había tenido 5 maridos; sabían que había fracasado ya cinco veces, que cinco veces creyó haber encontrado la felicidad y no fue así. Se reían, se burlaban, hacían bromas de ella y de su "eterno estado de búsqueda de algo que la saciaría". Ya hasta se había dado por vencida, después de cinco fracasos, el hombre con el que ahora estaba, el sexto en su vida, ya ni siquiera era su marido, ya no quiso intentarlo, quizás sólo pensó: vivamos juntos, intentémoslo a ver si funciona y si no, me evito la pena de tener un divorcio más para la cuenta.
Ella estaba desesperada, ella estaba en búsqueda de algo mayor; pero buscaba en el lugar incorrecto. Lo que ella necesitaba no era un hombre sino un propósito para vivir, esa era la eterna búsqueda de su corazón, el hambre que no se saciaba en su alma.

¡Ah! ¡Pero sólo era cuestión de tiempo para que su búsqueda provocara algo glorioso! Llegó Jesús, la fuente de agua viva. Llego Jesús, el pan de vida. Llegó Jesús, el séptimo en su vida... y todo cambió.

La mujer le dijo: "Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas". Ella esperaba la llegada de éste Mesías. Y Jesús, lleno de amor y misericordia le revela allí mismo a una sola persona toda su verdad. Él podía haber esperado a estar con una gran multitud para revelarse a sí mismo y decir: "Yo soy", pero él no lo hizo así. ¡Él prefirió mostrarse a una sola persona! Una persona hambrienta, una persona inconforme, una persona que estaba en una continua búsqueda... hasta que aquello que buscaba la encontró a ella. Jesús se revela ante ella y le dice: "Yo soy ese Mesías, el que habla contigo". Allí, justo allí se terminó la búsqueda y ella encontró su saciedad y el propósito de su vida.

Hay quienes dicen que ésta mujer fue la primer evangelista de la historia, la verdad desconozco si fue la primera o no, lo que sí sé es que ella encontró identidad y propósito en Jesús. Encontró a la persona que podía revelarle quien ella era y que podía darle el alimento que tanto buscaba.
Jesús nos da una clave poderosa unos versículos adelante (vers.34): "mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra". Ésta mujer samaritana encontró a Jesús, lo encontró porque estaba buscando, era tanta su hambre que provocó que el mismo Jesús se encontrara con ella. El número siete por cierto simboliza perfección y plenitud. Es la plenitud que ésta mujer recibió al tener un encuentro "casual" con Jesús.

Siempre que Jesús te diga: "dame de beber" algo poderoso viene a tu vida. Siempre que Jesús te diga: "adórame" tu bendición está a la puerta.

Benjamín Alcorta

jueves, 5 de febrero de 2015

La vida es una canción

Hace ya tiempo vi un programa de tv que llevaba por título "La vida es una canción". Trataba de diferentes circunstancias de la vida y cómo el personaje principal de ése capítulo lograba salir adelante a través de muchas dificultades. Ponían una canción que se acomodara a ésa temática y así se desarrollaba el programa.





Uno de esos días empecé a reflexionar un poco al respecto de ésa "canción" que simbolizaba tu vida o la mía. El Espíritu Santo habló a mi corazón y me dijo: Puedes ver la vida como una canción. ¿Porqué? Porque tú escoges si quieres que sea alegre,divertida, triste y/o monótona; tu escoges si en tu vida vas a llevar un "contenido" o fruto, o si sólo vivirás para ti mismo, tú eliges si el ritmo de tu canción fluirá de acuerdo al corazón de Dios o si será una canción arrítmica, típico de las personas que viven en un vaivén y nunca tienen un rumbo definido en su vida. El Espíritu Santo me dijo: eres tú quien le pone el "saborcito" a tus días, eres tú quien decide disfrutar la vida; eres tú quien decide con qué "instrumentos" tocarás tu canción y a qué personas harás parte de tu vida, eres tú quien decide fluir con el sonido del cielo o hacer algo completamente distinto, eres tú quien le pone el ritmo, el color, el tono, la instrumentación, eres tú quien decide.

Mientras más me decía más me convencía de lo responsables se somos por nosotros mismos, es muy fácil culpar a alguien más y decir: "yo soy así porque mi papá..." o "es que yo sufrí mucho por culpa de...". Es fácil repartir culpas, pero es de maduros aceptar la responsabilidad. Tal vez conozcas a alguien o quizá tu mismo estás en una situación de depresión, de frustración, de soledad, de angustia, quizá llevas meses sumido en una tristeza y no sabes porqué; quizá si lo sabes pero no logras dar el siguiente paso para salir de ése lugar (de ésa canción) que sólo te está llevando en picada y sabes que no quieres seguir yendo en esa dirección.

Te invito hoy a hacer una oración conmigo, di: "Señor Jesús te invito a mi vida, te pido que seas mi Señor y mi Salvador. Te pido que alegres mi vida y me hagas escuchar tu voz, tu canción. Quiero moverme al ritmo de tu corazón, quiero escucharlo. Sé que tus palabras me llenarán y serán vida para mi alma. Anhelo escucharte, quiero cantar la misma canción que cantas Tú, en el Nombre de Jesús mi Señor, amén"

Ahora solamente permanece en silencio y empieza a escuchar. A partir de hoy te invito a que hables y platiques con Dios pero que también te tomes un tiempo para escuchar, alegrará tu vida con una dulce melodía que  hará a tu alma cantar una vez más, decide vivir dentro de su canción, decide moverte a su ritmo, decide cantar las mismas palabras que salen de Su corazón.
Benjamín Alcorta