Hay un pasaje en el libro de Juan muy conocido a cerca de la adoración, seguramente lo has leído y escuchado mensajes acerca de él. Me refiero al relato de Jesús y la mujer samaritana que se encuentra en el capítulo 4 e inicia cuando Jesús le pide de beber a ésta samaritana.
La mujer va como de costumbre a sacar agua para proveerse a una hora no muy común, a una hora que no muchos iban. Ella prefería hacerlo así para evitarse las miradas, murmuraciones, chismes y caras a cerca de ella. ¿Porque? Porque todos en la ciudad sabían que había tenido 5 maridos; sabían que había fracasado ya cinco veces, que cinco veces creyó haber encontrado la felicidad y no fue así. Se reían, se burlaban, hacían bromas de ella y de su "eterno estado de búsqueda de algo que la saciaría". Ya hasta se había dado por vencida, después de cinco fracasos, el hombre con el que ahora estaba, el sexto en su vida, ya ni siquiera era su marido, ya no quiso intentarlo, quizás sólo pensó: vivamos juntos, intentémoslo a ver si funciona y si no, me evito la pena de tener un divorcio más para la cuenta.
Ella estaba desesperada, ella estaba en búsqueda de algo mayor; pero buscaba en el lugar incorrecto. Lo que ella necesitaba no era un hombre sino un propósito para vivir, esa era la eterna búsqueda de su corazón, el hambre que no se saciaba en su alma.
¡Ah! ¡Pero sólo era cuestión de tiempo para que su búsqueda provocara algo glorioso! Llegó Jesús, la fuente de agua viva. Llego Jesús, el pan de vida. Llegó Jesús, el séptimo en su vida... y todo cambió.
La mujer le dijo: "Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas". Ella esperaba la llegada de éste Mesías. Y Jesús, lleno de amor y misericordia le revela allí mismo a una sola persona toda su verdad. Él podía haber esperado a estar con una gran multitud para revelarse a sí mismo y decir: "Yo soy", pero él no lo hizo así. ¡Él prefirió mostrarse a una sola persona! Una persona hambrienta, una persona inconforme, una persona que estaba en una continua búsqueda... hasta que aquello que buscaba la encontró a ella. Jesús se revela ante ella y le dice: "Yo soy ese Mesías, el que habla contigo". Allí, justo allí se terminó la búsqueda y ella encontró su saciedad y el propósito de su vida.
Hay quienes dicen que ésta mujer fue la primer evangelista de la historia, la verdad desconozco si fue la primera o no, lo que sí sé es que ella encontró identidad y propósito en Jesús. Encontró a la persona que podía revelarle quien ella era y que podía darle el alimento que tanto buscaba.
Jesús nos da una clave poderosa unos versículos adelante (vers.34): "mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra". Ésta mujer samaritana encontró a Jesús, lo encontró porque estaba buscando, era tanta su hambre que provocó que el mismo Jesús se encontrara con ella. El número siete por cierto simboliza perfección y plenitud. Es la plenitud que ésta mujer recibió al tener un encuentro "casual" con Jesús.
Siempre que Jesús te diga: "dame de beber" algo poderoso viene a tu vida. Siempre que Jesús te diga: "adórame" tu bendición está a la puerta.
Benjamín Alcorta

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