“También
dijo: Un hombre tenía dos hijos;
y el menor de ellos dijo a su padre: Padre,
dame la parte de los bienes que me corresponde;
y les repartió los bienes.”
Lucas 15:11-12
y el menor de ellos dijo a su padre: Padre,
dame la parte de los bienes que me corresponde;
y les repartió los bienes.”
Lucas 15:11-12
Cuando un hijo reclama su parte
de la herencia a su padre equivale a decirle “Estas muerto para mí, estoy listo
para vivir mi vida de manera independiente”. Y esto es justamente lo que el
hijo pródigo hizo, consideró que estaba listo para vivir una vida de forma
independiente, pero fue presa de las garras del pecado, de manera que inicio a
compartir comidas de desperdicios y pasar tiempo con cerdos. Cuando finalmente volvió
en sí y entendió que no podía vivir de esta manera decidió acercarse a su padre
y pedir perdón por lo que había hecho, preparo en su mente un discurso, palabras
con las que se acercaría a pedir disculpas, un sitio entre sus trabajadores estaría
bien para comenzar de nuevo, y quizá así iniciar una nueva vida digno de un
salario. ¿Pero qué paso realmente cuando iba de regreso?
“Y
volviendo en sí, dijo: !!Cuántos jornaleros en
casa de mi padre tienen abundancia de pan,
y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre,
y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.”
Lucas 15:17-18
casa de mi padre tienen abundancia de pan,
y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre,
y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.”
Lucas 15:17-18
Lo que sucedió es que de camino
a su casa su padre al verlo salió corriendo a sus brazos, incluso si pones atención
a la historia su padre no le dio oportunidad de primero recitar las palabras
que tanto había ensayado para pedir perdón, el perdón llego antes de las
palabras, fue recibido con amor, fue cubierto con el manto de su padre, y se le
entrego un anillo de reconocimiento, reconocimiento como hijo, su padre le
estaba diciendo “Sigues vivo para mí”, el
hijo estaba tan avergonzado que lo que esperaba recibir era todo menos ese
trato, mucho menos ser llamado hijo de nuevo y que se preparara un gran
banquete en su honor.
“Y
levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos,
lo vio su padre, y fue movido a misericordia,
y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.”
Lucas 15:20
lo vio su padre, y fue movido a misericordia,
y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.”
Lucas 15:20
En ocasiones el pecado que cometemos,
nuestras acciones y nuestras compañías equivalen a decirle a Jesús: “Tu estas
muerto para mí, tu sacrificio no significa, déjame vivir mi vida de una forma
independiente”, y aunque sabemos que lo que estamos haciendo no es nada bueno,
muchas veces el orgullo pone una venda en nuestro corazón y nos quedamos revolcándonos
en el lodo del pecado, en tiempos como esos oro para que el Espíritu Santo nos
llene de valor, y así regresar a nuestro Padre Celestial porque Él nos está esperando
con los brazos abiertos para afirmarnos como sus hijos, sin importar lo que
ensayemos en nuestra mente para decirle, sin importar los detalles de nuestra
disculpa, y sin importar que queramos regresar como unos simples sirvientes, Él
nos llama HIJOS, Él nos llama AMADOS, nos cubre con su manto, nos llena de perdón
y prepara un banquete en nuestro honor.
“… este
mi hijo muerto era, y ha revivido;
se había perdido, y es hallado.
Y comenzaron a regocijarse.”
Lucas 15:24
se había perdido, y es hallado.
Y comenzaron a regocijarse.”
Lucas 15:24
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