jueves, 27 de agosto de 2015

Mi hijo muerto era, y ha revivido.

“También dijo: Un hombre tenía dos hijos;
y el menor de ellos dijo a su padre: Padre,
dame la parte de los bienes que me corresponde;
y les repartió los bienes.”
Lucas 15:11-12

Cuando un hijo reclama su parte de la herencia a su padre equivale a decirle “Estas muerto para mí, estoy listo para vivir mi vida de manera independiente”. Y esto es justamente lo que el hijo pródigo hizo, consideró que estaba listo para vivir una vida de forma independiente, pero fue presa de las garras del pecado, de manera que inicio a compartir comidas de desperdicios y pasar tiempo con cerdos. Cuando finalmente volvió en sí y entendió que no podía vivir de esta manera decidió acercarse a su padre y pedir perdón por lo que había hecho, preparo en su mente un discurso, palabras con las que se acercaría a pedir disculpas, un sitio entre sus trabajadores estaría bien para comenzar de nuevo, y quizá así iniciar una nueva vida digno de un salario. ¿Pero qué paso realmente cuando iba de regreso?

“Y volviendo en sí, dijo: !!Cuántos jornaleros en
casa de mi padre tienen abundancia de pan,
y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre,
y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.”
Lucas 15:17-18

Lo que sucedió es que de camino a su casa su padre al verlo salió corriendo a sus brazos, incluso si pones atención a la historia su padre no le dio oportunidad de primero recitar las palabras que tanto había ensayado para pedir perdón, el perdón llego antes de las palabras, fue recibido con amor, fue cubierto con el manto de su padre, y se le entrego un anillo de reconocimiento, reconocimiento como hijo, su padre le estaba diciendo “Sigues vivo para mí”,  el hijo estaba tan avergonzado que lo que esperaba recibir era todo menos ese trato, mucho menos ser llamado hijo de nuevo y que se preparara un gran banquete en su honor.

“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos,
lo vio su padre, y fue movido a misericordia,
y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.”
Lucas 15:20

En ocasiones el pecado que cometemos, nuestras acciones y nuestras compañías equivalen a decirle a Jesús: “Tu estas muerto para mí, tu sacrificio no significa, déjame vivir mi vida de una forma independiente”, y aunque sabemos que lo que estamos haciendo no es nada bueno, muchas veces el orgullo pone una venda en nuestro corazón y nos quedamos revolcándonos en el lodo del pecado, en tiempos como esos oro para que el Espíritu Santo nos llene de valor, y así regresar a nuestro Padre Celestial porque Él nos está esperando con los brazos abiertos para afirmarnos como sus hijos, sin importar lo que ensayemos en nuestra mente para decirle, sin importar los detalles de nuestra disculpa, y sin importar que queramos regresar como unos simples sirvientes, Él nos llama HIJOS, Él nos llama AMADOS, nos cubre con su manto, nos llena de perdón y prepara un banquete en nuestro honor.

“… este mi hijo muerto era, y ha revivido;
se había perdido, y es hallado.
 Y comenzaron a regocijarse.”
Lucas 15:24

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