jueves, 30 de abril de 2015

Amate como Dios te ama


Si te pidiera que hicieras una lista con todo lo que amas, ¿Cuánto tiempo te tardarías en poner tu nombre en esa lista?, sin duda sé que Dios estará en primer lugar, ¿Pero tú?


Permíteme decirte una cosa: Amarte a ti mismo no es un pecado, no es ser egoísta, ni engreído, y cuando digo “Amarte a ti mismo” me refiero a comprender lo hermoso que eres, lo mucho que vales en este mundo y todo lo que puedes aportar a él con solo ser tú. Es simplemente abrir los ojos y darte cuenta que no eres definido por la percepción que otros tienen de ti, ni por las circunstancias, si no por lo que Dios ha dicho de ti, y más aún es recordar que Él está dentro de ti como la perfecta personificación de amor. Recuerda que fuiste creado a su imagen y semejanza y dentro de ti reside un gran potencial, Su potencial.


Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento. 

(Mateo 22:37-38)


Tu corazón y el amor que reside en ti debe estar primeramente enfocado en Dios, cuando ponemos nuestra confianza en Él, cuando ponemos todo nuestro amor en Él, entendemos que nunca nos va a defraudar, que nunca nos va a decepcionar y que toda expectativa que tenemos en Él es cumplida, e incluso sobrepasada. Cuando ponemos en el centro de nuestra vida a alguien que no es Dios, ya sea nuestra pareja, nuestro trabajo, nuestros amigos, nuestra familia, nuestro servicio, etc. hay algo que no termina de encajar completamente, es como si la pieza del rompecabezas estuviera en el lugar equivocado, como si la columna central del edificio no estuviera en tierra firme y tarde o temprano termina desplomándose, termina defraudándonos. Una vez que en nuestra vida Dios está en el lugar correcto todas las piezas empiezan a encajar, los cimientos inician a afianzarse, pero no es hasta que nos amamos a nosotros mismos como Dios nos ama que todo empieza a fluir como Él lo ha predestinado. Normalmente ponemos a alguien antes de nosotros, rara vez (o nunca) tomamos tiempo y el lugar para nosotros de esa manera, y no digo que interesarnos en otros este mal, únicamente digo que si no sabemos reconocer el amor que está en nosotros, si no entendemos quienes somos para Dios, si no sabemos lo que valemos para ÉL, o no nos vemos como Él nos ve, ¿Cómo es que esperamos formar parte del propósito que Dios puso en nosotros? ¿Cómo podríamos proyectarlo a Él de una manera plena y genuina?

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 

(Mateo 22:39)


Jesús lo dijo muy claro, después de amar a Dios por sobre todo y todos hay que amar al prójimo "como a ti mismo", amarte a ti mismo va entre el amor a Dios y el amor a otros, recuerda que amarte a ti mismo es una decisión, una que debes tomar día a día, y es tan sencillo como entender que tienes un Dios que sabe TODO de ti, que conoce cada pequeño detalle sobre ti, incluyendo todas las cosas que encuentras extrañas y poco atractivas de ti mismo, y decide amarte incondicionalmente todos los días en medio de todas tus fallas y errores. No hay un solo momento en que Él deje de amarte, así que tú tampoco deberías de hacerlo.

Quiero invitarte, donde quiera que estés a tomar un momento para amarte, para apreciar todo lo que Dios ha hecho en ti, para reconocer el trabajo que Él hace en ti y en lo que te está convirtiendo, quiero invitarte para que te ames a pesar de todo y aunque te sientas indigno de ser amado recuerda que el corazón de Dios está en ti y Él está contigo y no deja de amarte, así que tú tampoco lo hagas. Amate, vive ese amor y compártelo con el mundo.

Benjamín Alcorta

2 comentarios:

  1. Gran reflexión Benjamín, algo en lo que pocas veces nos ponemos a pensar, gracias por compartirlo.

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